Los Tres Cerditos

Read by Janicza Bravo

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"La Historia de Los Tres Cerditos" por Los Hermanos Grimm

Había una vez una mamá cerda con tres cerditos.

Debido a que crecían tan rápidamente y le era más difícil cuidarlos, la mamá cerda los envió al mundo para ganar sus fortunas.

El primer cerdito que se fue de la casa conoció a un granjero en el campo con un bulto de paja.

“Por favor, señor,” dijo el Primer Cerdito al Granjero. “Deme esa paja para que yo pueda construir una linda casa.”

Entonces el Granjero le dio un poco de paja al Primer Cerdito, y éste se construyó una casa.

Un día, un Lobo llegó a la puerta de la casa de paja del Primer Cerdito.

“Cerdito, Cerdito, déjame entrar,” dijo el Lobo, llamando.

“Ni por todo el oro del mundo te dejo pasar,” respondió el Primer Cerdito detrás de la puerta cerrada.

"¡Entonces soplaré y soplaré, y tu casita derribaré!!"

Entonces el Lobo sopló y sopló, y derribó la casa.

Después el Lobo se comió el Primer Cerdito.

El siguiente cerdito que dejó la casa conoció a un leñador en el bosque con un bulto de palos.

“Por favor, señor,” dijo el Segundo Cerdito al Leñador. “Deme esos palos para que yo pueda construir una linda casa.”

Entonces el Leñador le dio algunos palos al Segundo Cerdito, y éste se construyó una casa.

Después el Lobo llegó a la puerta de la casa de palos del Segundo Cerdito.

“Cerdito, Cerdito, déjame entrar,” dijo el Lobo.

"¡No, no, no!” respondió el Segundo Cerdito. “Ni por todo el oro del mundo te dejo pasar.”

"¡Entonces soplaré y soplaré, y tu casita derribaré!!"

Entonces el Lobo sopló y sopló.

Y por fin el Lobo derribó la casa y se comió el Segundo Cerdito.

Ahora el Tercer Cerdito conoció a un Carpintero en el pueblo con una carga de ladrillos.

“Por favor, señor,” dijo el Tercer Cerdito al Carpintero. “Deme esos ladrillos para que yo pueda construir una gran casa.”

Entonces el Carpintero le dio algunos ladrillos al Tercer Cerdito, y éste se construyó una casa.

Y así el Lobo llegó a su casa, como lo había hecho con los demás cerditos.

"Cerdito, Cerdito, déjame entrar,” dijo el Lobo.

"¡No, no, no!” respondió el Tercer Cerdito. “Ni por todo el oro del mundo te dejo pasar.”

"¡Entonces soplaré y soplaré, y tu casita derribaré!!"

Pues el Lobo sopló y sopló.

Y sopló y sopló y sopló aún más.

Pero el Lobo no pudo derribar la casa sólida de ladrillos del Tercer Cerdito.

“Cerdito,” dijo el Lobo, “Yo sé donde hay un campo de nabos.”

El Tercer Cerdito preguntó: "¿Dónde?"

"En el jardín del Señor Pérez. Mañana te buscaré a las seis e iremos a cosechar la cena.”

"Muy bien.”

A la mañana siguiente, el Tercer Cerdito se levantó a las cinco.

Él fue al jardín del Señor Pérez, sacó los nabos, y llegó a su casa antes de las seis.

Cuando el Lobo llegó a las seis, preguntó, “Cerdito, ¿estás listo?”

"¡Listo!" respondió. "¡Ya he ido donde el Señor Pérez y he vuelto, y tengo una cacerola llena para la cena!"

El Lobo ahora estaba terriblemente enojado por haber sido engañado por el Tercer Cerdito.

“Te voy a comer cerdito,” gritó el Lobo. “¡Ahora bajaré por la chimenea para atraparte!”
Entonces el Lobo encontró una escalera y subió al techo del cerdito.
Mientras tanto, el Tercer Cerdito prendió un fuego ardiente debajo de la cacerola de nabos y agua en la chimenea.

Entonces, justo cuando el Lobo bajaba por la chimenea, el cerdito sacó la tapa de la cacerola y el Lobo cayó adentro.

El Lobo cayó dentro de la cacerola causando un gran salpicón. Y ese fue el final del Lobo. Y entonces el Tercer Cerdito cerró la tapa rápidamente y preparó un guiso de Lobo y nabos. El Tercer Cerdito fue demasiado inteligente para el Lobo y vivió muy feliz.

EL FIN

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